El diario El País destacó la reedición de Un juez en los infiernos, ensayo de Manuel Vicuña, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades y director del Centro para las Humanidades UDP, dedicado a examinar la obra y trayectoria de Benjamín Vicuña Mackenna. Publicado originalmente en 2009 y reeditado por el sello Crítica, el libro profundiza en aspectos centrales de su proyecto intelectual, como su relación con los archivos, su concepción del oficio historiográfico, su trabajo como biógrafo y las tensiones entre sus convicciones políticas y su aproximación al pasado.
Uno de los ejes que Manuel Vicuña desarrolla es la particular concepción que Vicuña Mackenna tenía sobre la labor del historiador. Su exhaustivo trabajo con cartas, memorias, testimonios y documentos inéditos sustentaba una idea de la historia como ejercicio de justicia frente al pasado. “La historia (…) es la justicia. Como escritor, soy juez. El historiador no tiene amigos. El juez no tiene odios”, sostenía Vicuña Mackenna. En su ensayo, Manuel Vicuña plantea que el historiador aplicó estos criterios incluso a sus cercanos y a sí mismo, buscando acreditar su imparcialidad como “juez del tribunal de la historia”.
El libro también examina la independencia crítica que Vicuña Mackenna mostró frente a sus propias afinidades políticas. Pese a pertenecer al liberalismo, su investigación sobre Diego Portales y el acceso a su correspondencia privada lo llevaron a revisar sus paradigmas y reconocer cualidades en una figura resistida por su propio sector. “Juzgado solo como hombre, tuvo don Diego Portales prendas raras que formaron la base de ese prestigio que ha hecho llegar su memoria hasta nosotros, revestida de los atributos de un semidiós”, escribió Vicuña Mackenna, una valoración que provocó fuertes críticas entre algunos de sus contemporáneos liberales.
En su reseña para El País, el periodista Joaquín Castillo valora precisamente esta aproximación y define Un juez en los infiernos como “una interesantísima entrada para conocer mejor el proyecto intelectual y político del historiador decimonónico”. Asimismo, destaca el trabajo de Manuel Vicuña por explicar y valorar el lugar de Benjamín Vicuña Mackenna en el canon historiográfico nacional, recuperando la figura de un intelectual “desmesurado y polémico” cuya obra, sostiene Castillo, merece ser revisitada.
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