26 / 08 / 2026

Los académicos de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades UDP Macarena Orchard y Marcos González analizaron en una columna publicada por BiobíoChile los efectos que podría tener una reducción del financiamiento destinado a las ciencias sociales. En el texto, sostienen que Chile ha construido durante las últimas décadas un ecosistema de investigación que ha permitido comprender fenómenos sociales, económicos y políticos con mayor profundidad. “La sociedad chilena sabe más sobre sí misma hoy que en cualquier momento de su historia”, plantean, destacando el papel que han cumplido las políticas de formación de capital humano avanzado y el financiamiento público a la investigación.

La columna aborda especialmente los cambios en las bases del Fondecyt de Postdoctorado 2027, que establecen áreas prioritarias para una parte importante de los proyectos. Aunque los autores reconocen la legitimidad de que el Estado defina ciertas prioridades, advierten sobre los riesgos de restringir excesivamente las líneas de investigación. “Definir las prioridades por adelantado, sin consultar a quienes investigan, arriesga nuestra capacidad para anticiparnos”, sostienen, argumentando que fenómenos como el crimen organizado o la productividad requieren ser comprendidos en conexión con dimensiones como migración, desigualdad, educación, cuidados y confianza institucional.

Orchard y González, quienes también integran el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (ICSOH), también enfatizan que la investigación social requiere continuidad, ya que muchas de las preguntas relevantes para el país no pueden anticiparse desde la agenda política del momento. “La producción de conocimiento, para ser efectiva, debe ser constante. No se puede prender y apagar cada cuatro años”, afirman.

Los académicos advierten que el debilitamiento de la investigación podría reducir progresivamente la evidencia disponible para comprender los cambios sociales y orientar las políticas públicas. “Esto nos puede conducir a un apagón epistemológico, donde la política y el debate público se vayan quedando paulatinamente ciegos frente a la sociedad que pretenden describir, explicar y dirigir”, concluyen, alertando que, sin investigaciones actualizadas, el debate corre el riesgo de depender cada vez más de opiniones, impresiones y datos producidos en el pasado.

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