19/05/2026
Sala B-31, Biblioteca Nicanor Parra UDP (Vergara 324, Santiago).
10:30 hrs
Presenta:
  • Carlos Granés, antropólogo y ensayista colombiano.

Primera sesión (19 de mayo, 10:30 hrs.): La revolución cultural

  • A lo largo del siglo XX, las sociedades occidentales experimentaron una transformación profunda en sus valores y estilos de vida como resultado de la ofensiva cultural que lanzaron las vanguardias artísticas. La crítica radical que adelantó el dadaísmo a los valores de su tiempo, sumada a la labor corrosiva de la risa y la ironía, del gesto irracional y el infantilismo, sembró un germen libertario y destructivo que con el tiempo, a medida que estas actitudes estéticas y vitales fueron mutando en nuevas expresiones de vanguardia como el surrealismo, el letrismo  o el situacionismo, terminó por legitimar nuevas escalas de valores que para finales de la década de los sesenta habían cambiado el rostro de Occidente. A partir de entonces vino un proceso de apropiación y legitimación por parte de la academia, de las instituciones culturales y del capitalismo que neutralizó el poder revolucionario de estas expresiones culturales. La vanguardia no socavó por completo la sociedad burguesa, pero sí doblegó la rigidez jerárquica, la moral reaccionaria y la tradición autoritaria. El resultado fue la prevalencia de los valores cosmopolitas y liberales. 

Segunda sesión (20 de mayo, 11:30 hrs.): La reacción política

  • La transgresión cultural tuvo un último momento de auge y apogeo comercial en la década de los noventa y en la primera década del siglo XXI. A partir de entonces, cuando las sociedades occidentales empezaron a sentir las consecuencias de la crisis económica de 2008, el consenso liberal y cosmopolita se agrietó, y por los intersticios empezaron a manifestarse de forma virulenta reivindicaciones políticas que apelaban a los valores tradicionales que fueron arrasados por las masas hedonistas de Mayo del 68. A medida que la provocación artística perdía efectividad, los políticos se inclinaban por la transgresión y el uso estratégico de la incorrección para desafiar la moral progresista. Recurrían a sus mismas armas -la performance, el shock, la estridencia, la autoexpresión salvaje- para revertir el proceso cultural que lanzó la vanguardia. Como respuesta a esta arremetida y a las sucesivas crisis sociales -ecologismo, machismo, racismo, transfobia, etc.- que ha estallado en los últimos tres lustros, la cultura ha intentado apuntalar el viejo mundo liberal, sanear la sociedad de sus vicios y curarla de sus taras estructurales, pero con esta labor reparadora ha terminado por perder el aura revolucionaria que ostentó durante el siglo XX. A día de hoy, inmersos de lleno en las batallas culturales, tenemos políticos rebeldes que pretenden fijar una moral reaccionaria, y artistas conservadores que intentan recuperar la hegemonía progresista.