“Si queremos darle vida a un sentimiento de “Hispanidad”, ello no debe ir en detrimento de las primeras naciones de América, ni a favor de un ensalzamiento innecesario e inoportuno de los colonizadores. El encuentro horizontal de los pueblos de Iberoamérica, el derecho a su soberanía cultural, incluso de las comunidades más pequeñas, la posibilidad de pensar en convivir dentro de presentes y futuros diversos harán más apropiado que perviva un sentido rescatable de dicha Hispanidad, reconociendo que muchas veces nos equivocamos hablando en nombre de la civilización, la modernidad y el desarrollo, cuando el indigenismo emerge como una señal de un sinfín de imaginarios que alguna vez se truncaron sin mediar una legítima razón”.