Entrevista a Manuel Vicuña por reedición del libro “Un juez en los infiernos” sobre Benjamín Vicuña Mackenna

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Manuel Vicuña - El Mercurio

03 / 03 / 2026

Pionero en el estudio de la historia de Chile, pero también político decisivo y responsable de la mayor transformación urbana de Santiago en el siglo XIX, Vicuña Mackenna fue un intelectual movido por el deseo de hacer transformar el país. “Siempre concibió la historia como un medio para crear sentimientos nacionales, comunidades imaginadas de ciudadanos afines pese a sus diferencias. Y entendió el arte de las biografías como una manera de establecer un panteón nacional capaz de ofrecer modelos de conducta para el ejercicio del liderazgo nacional y el compromiso cívico en el presente”, asegura el historiador Manuel Vicuña (Santiago, 1970), que lo perfiló en el libro “Un juez en los infiernos”.

Publicado originalmente en 2009, “Un juez en los infiernos” acaba de ser reeditado por editorial Crítica cuando se cumplen 140 años de la muerte del famoso intendente. Antes que ser una biografía, se trata de una serie de ensayos que perfilan a Vicuña Mackenna. La cronología de su vida aparece inevitablemente, pero el libro opta por seguir la pista de su trabajo de investigador para reconstruir, de paso, los orígenes de la historiografía local y sus tensiones con la política.

“Fue el más multifacético de los autores chilenos del siglo XIX”, anota Vicuña, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP.

Sin embargo, el estatus de Vicuña Mackenna hoy parece estar está recluido a las bibliotecas. “En el panteón de los historiadores no está. Sus libros están fuera de circulación. Prácticamente no tiene lectores. Hasta dónde sé, brilla por su ausencia en las bibliografías de las universidades. El siglo XX consagró a Barros Arana como el historiador más sólido del XIX. En la medida en que la historia aspiraba a ser una disciplina con pretensiones científicas, se lo fue relegando al margen del oficio por demasiado literario, por demasiado novelesco. Una lástima”, dice Vicuña. “Tampoco sobrevive su memoria como político más allá de los estudios especializados sobre el siglo XIX. Lo que más queda, me parece, es la obra que realizó como intendente de Santiago, su trabajo como urbanista. El cerro Santa Lucía tal vez sea lo más fotogénico de su legado”, añade.

“A Vicuña Mackenna hay que leerlo como un historiador que a la vez que investigaba sobre el pasado del país, componía piezas literarias con una prosa que llegó a electrizar a sus lectores, y que aún reverbera en el presente. Estamos hablando de un historiador que trabajó cuando la historia aún no era una disciplina formal, consagrada en los currículos universitarios. Eso suponía riesgos metodológicos. También daba más libertad a la imaginación literaria. Vicuña Mackenna usó esa libertad, a veces, de manera extrema, al mismo tiempo que se afanaba recolectando documentos antiguos y testimonios de los protagonistas de la época, hasta armar un archivo personal considerable, que fue la base de su producción historiográfica”.